El uso de las TIC y de las redes sociales impone a los adolescentes
y adultos una responsabilidad de doble dirección:
los jóvenes pueden adiestrar a los padres en el uso de las
nuevas tecnologías, de su lenguaje y sus posibilidades; los
padres, a su vez, deben enseñar a los jóvenes a usarlas en su
justa medida.
Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):
a. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
b. Fomentar la relación con otras personas.
c. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
d. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
e. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
f. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.


Los padres y educadores deben ayudar a los adolescentes a desarrollar la habilidad de la comunicación cara a cara, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):
a. Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
b. Fomentar la relación con otras personas.
c. Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
d. Estimular el deporte y las actividades en equipo.
e. Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
f. Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.


La limitación del tiempo de conexión a la red en la infancia
y adolescencia (no más de 1,5-2 horas diarias, con la
excepción de los fines de semana), así como la ubicación de
los ordenadores en lugares comunes (el salón, por ejemplo) y
el control de los contenidos, constituyen estrategias adicionales
de interés (Mayorgas, 2009).

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